SUSCRÍBETE
En Red con Dios
  • Inicio
  • Noticias
  • Lecturas del Día
    • Evangelio del Día
  • Evangelio del Domingo
  • Tiempos Litúrgicos
    • Adviento
    • Navidad
    • Tiempo Ordinario
    • Cuaresma
    • Semana Santa
    • Pascua
  • Santo del Día
  • Oraciones
Reading: Lecturas de hoy – 3 de Febrero de 2026
Compartir
En Red con DiosEn Red con Dios
Font ResizerAa
  • Inicio
  • Noticias
  • Lecturas del Día
  • Evangelio del Domingo
  • Tiempos Litúrgicos
  • Santo del Día
  • Oraciones
Search
  • Inicio
  • Noticias
  • Lecturas del Día
    • Evangelio del Día
  • Evangelio del Domingo
  • Tiempos Litúrgicos
    • Adviento
    • Navidad
    • Tiempo Ordinario
    • Cuaresma
    • Semana Santa
    • Pascua
  • Santo del Día
  • Oraciones
Have an existing account? Sign In
Síganos

© En Red con Dios. Desarrollado por Totus Agencia. All Rights Reserved.

Portada » Lecturas de hoy – 3 de Febrero de 2026
Lecturas del Día

Lecturas de hoy – 3 de Febrero de 2026

EnRedConDios
Última actualización: febrero 3, 2026 7:56 am
EnRedConDios
Compartir
10 Min de Lectura
Compartir

Primera Lectura

2 Samuel 18, 9-10. 14. 24-25. 30-19, 3

En aquellos días, después de haber sido derrotado por los hombres de David, Absalón, su hijo, se dio a la fuga. Iba montado en una mula, y al meterse la mula bajo las ramas de una frondosa encina, a Absalón se le atoró la cabeza entre las ramas y se quedó colgado en el aire y la mula siguió corriendo.

Contents
Primera Lectura2 Samuel 18, 9-10. 14. 24-25. 30-19, 3SalmoSalmo 85R. Protégeme, Señor, porque te amo.EvangelioMarcos 5, 21-43Reflexión

Uno de los soldados lo vio y le fue a avisar a Joab: «Acabo de ver a Absalón colgando de una encina». Joab se acercó a donde estaba Absalón, tomó tres flechas en la mano y se las clavó en el corazón.

Mientras tanto, David estaba en Jerusalén, sentado a la puerta de la ciudad. El centinela, instalado en el mirador que está encima de la puerta de la muralla, levantó la vista y vio que un hombre venía corriendo solo. Le gritó al rey para avisarle. El rey le contestó: «Si viene solo, es señal de que trae buenas noticias. Déjalo pasar. Tú, quédate ahí». El centinela lo dejó pasar y permaneció en su puesto.

El hombre que venía corriendo, que era un etíope, llegó a donde estaba David y le dijo: «Le traigo buenas noticias a mi señor, el rey. Dios te ha hecho justicia hoy, librándote de los que se habían rebelado contra ti». El rey le preguntó: «Pero, mi hijo Absalón, ¿está bien?» Respondió el etíope: «Que acaben como él todos tus enemigos y todos los que se rebelen contra mi señor, el rey».

Entonces el rey se estremeció. Subió al mirador que está encima de la puerta de la ciudad y rompió a llorar, diciendo: «Hijo mío, Absalón; hijo, hijo mío, Absalón. Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar, Absalón, hijo mío». Le avisaron entonces a Joab que el rey estaba inconsolable por la muerte de Absalón. Por eso, aquella victoria se convirtió en día de duelo para todo el ejército, cuando se enteraron de que el rey estaba inconsolable por la muerte de su hijo. Por ello, las tropas entraron a la ciudad furtivamente, como entra avergonzado un ejército que ha huido de la batalla.

Salmo

Salmo 85
R. Protégeme, Señor, porque te amo.

Presta, Señor, oídos a mi súplica, pues soy un pobre, lleno de desdichas. Protégeme, Señor, porque te amo; salva a tu servidor, que en ti confía. R.

Ten compasión de mí, pues clamo a ti, Dios mío, todo el día; y ya que a ti, Señor, levanto el alma, llena a este siervo tuyo de alegría. R.

Puesto que eres, Señor, bueno y clemente y todo amor con quien tu nombre invoca, escucha mi oración y a mi súplica da respuesta pronta. R.

Evangelio

Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: «Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva». Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de sus hemorragias y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: «¿Quién ha tocado mi manto?» Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: «¿Quién me ha tocado?»» Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad».

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: «Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que tengas fe». No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: «¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida». Y se reían de él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: «¡Talitá, kum!», que significa: «¡Óyeme, niña, levántate!» La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

Reflexión

¿Alguna vez has sentido que la vida se te escapa de las manos y que por más que intentas, nada funciona? En este pasaje vemos a dos personas que llegaron a ese límite: Jairo, un hombre importante, desesperado por la salud de su hija y una mujer que no conocemos su nombre, que llevaba 12 años enferma, sola y sin dinero. 

Ambos representan nuestra realidad cuando agotamos todos nuestros recursos y pensamos que ya no hay nada que hacer. Es justo ahí, en el punto donde nuestras fuerzas se acaban, donde Jesús se convierte en nuestra única salida real. No importa qué tan grande sea tu problema o cuánto tiempo lleves cargándolo, el Señor siempre está disponible para aquellos que lo buscan con verdadera fe y confianza. 

La mujer nos da un ejemplo grande, se cuela entre la multitud pensando: ‘con que toque su manto, sanaré’. Ella era invisible para todos, pero su fe era tan fuerte que logró que Jesús se detuviera. 

A veces nos acostumbramos a nuestras enfermedades, a esos miedos y culpas o vacíos que venimos arrastrando por años y pensamos que ya no tiene remedio seguir luchando. Pero Jesús nos enseña que Él reconoce el toque de quien le busca con desesperación. Él conoce tu historia y la mía y se detiene para restaurar no solo tu salud, sino también tu dignidad. Un solo encuentro genuino con Él, es capaz de romper muchos años de dolor que parecían eternos, como los de esta mujer. 

A Jairo, por otro lado, le dicen lo que todos tememos escuchar: ‘ya es tarde, ya no hay nada que hacer, ¡ya no molestes al Maestro!’ Y este es el ruido del mundo que intenta convencernos de que la muerte o el fracaso tienen la última palabra. Pero Jesús, ignorando esas voces, nos da la clave para cualquier crisis: ‘no temas, basta que creas’. 

Al entrar en la habitación y decir a la niña: ‘levántate’, Jesús transforma un funeral en una gran celebración. Para el que camina con Cristo, los finales suelen ser solo el escenario para un nuevo milagro, para una nueva bendición. 

No te dejes paralizar por las malas noticias, sigue confiando porque el mismo que levantó a esa niña y sanó a esa mujer, tiene hoy el poder de devolverte la vida, la sanidad, tus sueños y la paz que necesita tu corazón.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.

You Might Also Like

Lecturas de hoy – 1 de Febrero de 2026

¿Qué es y cuándo se celebra el Tiempo Ordinario 2026?

Lecturas de hoy – 2 de Febrero de 2026

TAGGED:En Red Con DiosLecturas de hoy
Comparte este artículo
Facebook Twitter Whatsapp Whatsapp Email Copy Link Print

En Video

Síguenos en Redes Sociales

Facebook Instagram Youtube

© En Red con Dios. Desarrollado por Totus Agencia. All Rights Reserved.

En Red con Dios
Ir a la versión móvil
Welcome Back!

Sign in to your account

Username or Email Address
Password

Lost your password?