Evangelio y Lecturas del Sábado de la XXII Semana del Tiempo Ordinario

5 Min de Lectura

PRIMERA LECTURA

Pasamos hambre y sed y falta de ropa.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 6b-15

Hermanos:

Aprended de Apolo y de mí a jugar limpio y no os engriáis el uno contra el otro. A ver, ¿quién te hace tan importante? ¿Tienes algo que no hayas recibido? Y, si lo has recibido, ¿a qué tanto orgullo, como si nadie te lo hubiera dado?

Ya tenéis todo lo que ansiabais, ya sois ricos, habéis conseguido un reino sin nosotros. ¿Qué más quisiera yo? Así reinaríamos juntos. Por lo que veo, a nosotros, los apóstoles, Dios nos coloca los últimos; como condenados a muerte, dados en espectáculo público para ángeles y hombres. Nosotros, unos locos por Cristo, vosotros, sensatos en Cristo; nosotros débiles, vosotros fuertes; vosotros célebres, nosotros despreciados; hasta ahora pasamos hambre y sed y falta de ropa; recibimos bofetadas, no tenemos domicilio, nos agotamos trabajando con nuestras propias manos; nos insultan, y les deseamos bendiciones; nos persiguen, y aguantamos; nos calumnian, y respondemos con buenos modos; nos tratan como a la basura del mundo, el deshecho de la humanidad, y así hasta el día de hoy.

No os escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros. Porque os quiero como a hijos; ahora que estáis en Cristo tendréis mil tutores, pero padres no tenéis muchos; por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

SALMO

Sal 144, 17-18. 19-20. 21
R. Cerca está el Señor de los que lo invocan.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones.
Cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R.

Satisface los deseos de los que lo temen,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados. R.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás. R.

Aleluya Jn 14, 6bc
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el camino y la verdad y la vida – dice el Señor -;
nadie va al Padre sino por mí. R.

EVANGELIO

¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 1-5

Un sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos.

Unos fariseos dijeron:

«¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?».

Respondiendo Jesús, les dijo:

«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre?

Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él».

Y les decía:

«El Hijo del hombre es señor del sábado».

Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del 5 de septiembre de 2026

La ley de Dios nunca puede utilizarse para aplastar

Los discípulos tienen hambre y arrancan algunas espigas para comer; los fariseos, en lugar de reconocer una necesidad humana, solo observan una infracción. Jesús no desprecia la ley ni declara que todo esté permitido. Nos recuerda que los mandamientos nacen del amor de Dios y están orientados a proteger la vida. Cuando una norma se utiliza para ignorar el sufrimiento, negar la misericordia o humillar a una persona, ha sido separada de su verdadero propósito.

San Pablo también desenmascara una religiosidad alimentada por el orgullo: «¿Tienes algo que no hayas recibido?». Todo don, capacidad, misión o responsabilidad procede de Dios y debe convertirse en servicio. El apóstol no responde a los insultos con violencia ni a la persecución con odio; bendice, persevera y corrige como un padre que busca formar, no avergonzar. La autoridad cristiana pierde legitimidad cuando se utiliza para sentirse superior y la recupera cuando sirve con humildad.

Al proclamarse «Señor del sábado», Jesús devuelve la ley a su centro: Dios y la dignidad humana. La fe madura no enfrenta verdad y misericordia, porque ambas se necesitan. Una verdad sin misericordia puede aplastar; una misericordia sin verdad puede volverse indiferencia ante el mal. Hoy pidamos un corazón capaz de discernir, cumplir la voluntad de Dios y preguntarse ante cada norma, juicio o decisión: ¿esto protege la vida, acerca a Dios y ayuda al hermano a levantarse?

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