En la Catedral Metropolitana de Santa Fe de Antioquia se celebró en la mañana de este sábado la ordenación diaconal de cinco seminaristas, en una solemne eucaristía presidida por Monseñor Hugo Alberto Torres Marín, arzobispo de la jurisdicción, y concelebrada por un amplio número de sacerdotes del clero arquidiocesano. La ceremonia congregó a familiares, formadores, benefactores y fieles que acompañaron este paso significativo en el camino vocacional de los nuevos ministros ordenados.
Los nuevos diáconos son Yonatan Julián David Higuita, natural de Giraldo; Juan Pablo García Vélez, oriundo de Sopetrán; Brayan de Jesús Higuita Higuita, nacido en Buriticá y residente en Cañasgordas; Esteban Andrés Higuita Sánchez, oriundo de Apartadó y residente en Sevilla, Ebéjico; y Brayan Alexis Tusarma Arango, procedente de Medellín. Su ordenación representa un nuevo impulso para el servicio pastoral en la Iglesia particular, especialmente en el acompañamiento litúrgico y en la atención a las comunidades más necesitadas.
Durante la homilía, el arzobispo destacó que los diáconos son un don que nace en el seno de las familias para el servicio de toda la Iglesia y de la humanidad. Agradeció de manera especial a los padres y seres queridos de los ordenados, reconociendo su generosidad al ofrecer a sus hijos para la misión evangelizadora, e invitó a que este testimonio sea semilla de nuevas vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales.
El prelado también expresó su gratitud a los benefactores, formadores, sacerdotes y comunidades parroquiales que han acompañado el proceso formativo de los seminaristas, subrayando que la promoción vocacional no solo requiere oración, sino también compromiso concreto en la formación integral de quienes responden al llamado de Dios. En ese sentido, resaltó el papel del seminario como espacio fundamental para el crecimiento humano, espiritual y pastoral de los futuros ministros.
En su mensaje central, monseñor Torres explicó que el ministerio diaconal está profundamente ligado al servicio, recordando su origen en la Iglesia primitiva como respuesta a las necesidades de justicia y atención a los más vulnerables. Señaló que los diáconos están llamados a ser signos visibles de caridad, cercanía y comunión, sirviendo tanto en el altar como en las realidades concretas de los pobres, huérfanos, viudas y marginados.
Asimismo, enfatizó que la diaconía fortalece la unidad de la Iglesia, permitiendo una mejor organización del servicio pastoral y social, y facilitando que la misión evangelizadora llegue con mayor eficacia a todos los rincones. En este sentido, animó a las parroquias a estructurar de manera más sólida la pastoral social, teniendo a los diáconos como impulsores de una Iglesia servidora y comprometida con las realidades humanas.
El arzobispo también recordó que los nuevos diáconos, al estilo de los discípulos enviados por Cristo, están llamados a llevar la paz, la palabra y el servicio a los hogares, siendo instrumentos de sanación y esperanza. Su misión, indicó, consiste en preparar el camino para la presencia de Cristo en las comunidades, viviendo con desprendimiento, confianza en Dios y cercanía con el pueblo.
La celebración concluyó en un ambiente de acción de gracias, en el que la Iglesia arquidiocesana reconoció el valor de estas nuevas vocaciones como signo de esperanza y renovación. Los cinco diáconos inician ahora una etapa decisiva en su camino hacia el sacerdocio, comprometidos con una vida de servicio, comunión y entrega al Evangelio, especialmente al lado de los más necesitados.
Tomado de TotusNoticias.com
