La cruz no se evita: se asume con Jesús – Mensaje Misionero Dominical

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Por: P. Omer Giraldo Ramírez, MXY

Hace tres semanas, el pasado 10 de agosto, nuestro país vivió, especialmente en la región occidental, un terremoto devastador que ha despertado, por un lado, un profundo sentido de solidaridad en Colombia y en muchos lugares del mundo. Damos gracias a Dios por tantos gestos generosos.

Pero, al mismo tiempo, esta tragedia nos ha hecho tomar conciencia de una realidad que con frecuencia olvidamos: somos seres frágiles, vulnerables y dependientes.

Esto nos lleva a preguntarnos seriamente por el sentido de nuestra vida. Cuando creemos tenerlo todo bajo control —un buen trabajo, salud, estabilidad económica, bienestar o buenas relaciones familiares—, en pocos segundos podemos perderlo todo, incluso la propia vida.

La Palabra de Dios en este XXII Domingo del Tiempo Ordinario nos ofrece algunas claves para realizar este discernimiento personal, familiar y comunitario.

San Pablo, en la carta a los Romanos, nos invita a no amoldarnos a este mundo pasajero, sino a transformarnos mediante la renovación de nuestra mente para aprender a discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo agradable y lo perfecto.

Discernir la voluntad de Dios en nuestra vida es una gracia que debemos pedir constantemente, no solamente cuando llegan los momentos límite, la angustia o las situaciones críticas, sino como una actitud permanente de nuestra existencia.

Una amiga de la ciudad de Pereira me contaba que, durante el terremoto, salió desesperadamente de su apartamento junto con su esposo, quien se consideraba ateo. En medio de la angustia, él le dijo:

«Maruja, rece, que veo que este edificio se va a caer».

Poco después de salir a un espacio seguro, ambos fueron testigos del desmoronamiento del edificio.

Situaciones como esta nos recuerdan nuestra vulnerabilidad y nos confrontan con preguntas profundas sobre aquello en lo que realmente ponemos nuestra confianza.

El profeta Jeremías, en la primera lectura de este domingo, nos comparte su propia experiencia al descubrir la voluntad de Dios en su vocación profética.

Muchas veces Jeremías se resistió al llamado de Dios, pero finalmente reconoció que el Señor había conquistado su corazón. Por eso exclama:

«Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me venciste».

Desde nuestra propia fragilidad, también nosotros estamos invitados a dejarnos seducir por Dios, permitiendo que Él transforme nuestra manera de comprender la vida.

Evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, Jesús comenzó a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer mucho por parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo:

«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro:

«Ponte detrás de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces Jesús dijo a sus discípulos:

«Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.

¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿O qué podrá dar a cambio de su vida?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles y entonces pagará a cada uno según sus obras».

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Resulta impactante comparar este Evangelio con el del domingo anterior. Jesús había llamado a Simón Pedro, es decir, piedra, y había dicho que sobre esa piedra edificaría su Iglesia.

Ahora, sin embargo, le dice que se está convirtiendo en una piedra de tropiezo.

¿Por qué este cambio?

Porque Pedro, aunque ha confesado que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo, todavía comprende su misión desde una lógica demasiado humana. Desea un Mesías sin sufrimiento, sin cruz, sin entrega.

Pedro quiere evitarle a Jesús aquello que forma parte del camino que Él ha discernido como voluntad del Padre.

Y esto también puede sucedernos a nosotros.

Con frecuencia buscamos primero nuestros deseos, comodidades, intereses y proyectos personales antes de preguntarnos cuál es la voluntad de Dios.

Queremos una vida sin dificultades, sin renuncias y sin sufrimiento. Pero Jesús no promete una existencia libre de cruces. Nos enseña algo mucho más profundo: cómo asumirlas y transformarlas desde el amor y desde la fe.

Por eso dice:

«Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga».

Cada ser humano lleva su propia cruz. Hay dolores físicos, familiares, afectivos, económicos y espirituales. Hay pérdidas, frustraciones y situaciones que no podemos controlar.

La pregunta cristiana no es solamente cómo evitar el sufrimiento, sino cómo vivirlo sin permitir que destruya nuestra esperanza.

Cuando un cristiano aprende a asumir su cruz unido a Jesucristo, que entregó su vida por toda la humanidad, descubre una razón profunda para vivir que no depende del dinero, del bienestar material ni de los placeres pasajeros.

Jesús plantea entonces una de las preguntas más exigentes del Evangelio:

«¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?»

Esta pregunta nos obliga a revisar nuestras prioridades.

Podemos acumular bienes, reconocimientos, éxitos y seguridades y, sin embargo, perder aquello verdaderamente esencial. El Evangelio nos invita a descubrir que la vida encuentra su plenitud cuando aprendemos a entregarla, a amar y a cumplir la voluntad de Dios.

Por eso hoy te invito a vivir con gozo en el Espíritu Santo esta experiencia del Señor que también quiere seducir tu corazón. Como Jeremías, dejémonos encontrar, transformar y conducir por Dios.

Quiero extender una vez más la invitación a los jóvenes que sienten inquietud por la vocación misionera para que se acerquen a nuestro Seminario de Misiones de Yarumal y conozcan el carisma de los Misioneros Javerianos de Yarumal.

Nuestro Instituto de Misiones se prepara para celebrar su centenario y continúa enviando misioneros a diferentes lugares del mundo para ser testigos del Evangelio entre pueblos y culturas que todavía no han conocido plenamente a Jesucristo.

Que el Señor nos conceda la gracia de discernir su voluntad, asumir nuestra cruz y seguirlo con fidelidad.

Les deseo a todos una bendecida semana.

Tomado de TotusNoticias.com

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