Más de 2.500 personas participaron en la segunda edición del Clásico de la Fe, el pasado 20 de febrero, un evento que integró deporte, espiritualidad y solidaridad en el municipio de Girardota, Antioquia. La jornada reunió a sacerdotes, obispos, exfutbolistas y jóvenes en una actividad organizada con el objetivo de recaudar fondos para obras sociales de la diócesis y promover espacios de encuentro comunitario durante el tiempo de Cuaresma.
La actividad inició con un momento de oración y bendición, en el que líderes religiosos encomendaron el encuentro antes del inicio del partido. Posteriormente, en la cancha, los participantes conformaron equipos mixtos en los que compartieron sacerdotes, exjugadores profesionales y jóvenes, en un ambiente marcado por la fraternidad y el respeto. El evento buscó resaltar el deporte como una herramienta de integración social y expresión de valores espirituales.
Entre los invitados estuvieron los exfutbolistas Giovanni Moreno y Macnelly Torres, reconocidos por su trayectoria en el fútbol profesional colombiano e internacional, quienes se sumaron a la iniciativa como un gesto de apoyo a las obras sociales y al mensaje pastoral del evento. Su participación atrajo a numerosos aficionados y fortaleció el carácter simbólico de la jornada.
El encuentro se desarrolló en el coliseo municipal de Girardota, que registró lleno total. En el resultado deportivo, el equipo identificado con el color rojo se impuso con un marcador de siete goles a cuatro, aunque los organizadores destacaron que el propósito principal era el impacto social y comunitario más que la competencia deportiva.
Los recursos recaudados durante el evento serán destinados a programas sociales impulsados por la diócesis, enfocados en apoyar a comunidades vulnerables y fortalecer iniciativas pastorales. Los organizadores señalaron que el Clásico de la Fe busca consolidarse como un espacio anual que combine el deporte con el servicio social y el acompañamiento espiritual.
La jornada dejó un mensaje de unidad en el área metropolitana del Valle de Aburrá, al demostrar que el fútbol también puede convertirse en un escenario de encuentro comunitario, donde la fe y el deporte se integran para promover la solidaridad y el compromiso social.
Tomado de TotusNoticias.com