Mons. Misael Vacca Ramírez inicia la jornada alabando y dando gracias a Dios por el regalo de un nuevo día. En esta ocasión lo acompaña Mons. Mario de Jesús Álvarez Gómez, obispo de la Diócesis de Istmina-Tadó, uno de los territorios más golpeados por el terremoto del 10 de agosto. Con cercanía pastoral, el arzobispo se interesa por la situación de las comunidades afectadas y por la manera como han afrontado esta dolorosa experiencia.
Mons. Mario comparte que varias comunidades rurales sufrieron graves daños y que templos significativos, incluida la catedral y una histórica iglesia de Condoto, resultaron afectados. Las numerosas réplicas han prolongado la incertidumbre y el sufrimiento de las familias. Sin embargo, en medio de esta realidad, agradece la generosidad de los colombianos, los obispos, las pastorales sociales y las distintas jurisdicciones eclesiásticas que han enviado alimentos, medicamentos y otras ayudas.
Mons. Misael recuerda que la solidaridad nos permite reconocernos como hermanos más allá de cualquier diferencia racial, religiosa o política. Aunque las primeras ayudas han comenzado a llegar, la emergencia continuará y las comunidades necesitarán acompañamiento durante mucho tiempo. Que este nuevo día nos encuentre con el corazón abierto y las manos dispuestas para sostener a quienes sufren, porque cada gesto generoso puede devolver esperanza y ayudar a reconstruir una vida.
Tomado de TotusNoticias.com
